El Evangelio de los leprosos

EL EVANGELIO DE LOS LEPROSOS. En el Antiguo Testamento nos encontramos con la historia de cuatro leprosos llevando “su evangelio”. Esto lo afirmamos por las palabras que ellos mismos dirán en su historia: “No estamos haciendo bien. Hoy es día de buenas nuevas y nosotros callamos”. Observamos que eran cuatro leprosos hambrientos; pero de pronto descubrieron un gran mercado de alimentos, una joyería y una gran tienda de vestir, tres cosas que jamás tendrían acceso.

Así que comieron y se saciaron, pero luego escondieron lo encontrado y tuvieron la tentación de permanecer callados sobre aquella buena nueva. Fue entonces cuando les vino el recuerdo de Samaria con sus hambrientos habitantes, y reaccionaron ante el olvido.

Se dice que el egoísmo es el sentimiento que predomina en quien habiendo encontrado un gran bien, lo reserva solo para él, negándole la misma dicha a los demás. Nosotros hemos encontrado una gran comida que ayudará a otros a tener la misma dicha. Pero no siempre estamos tan dispuestos a hacerlo.

Estos cuatro leprosos nos dan un ejemplo de lo que debiéramos hacer desde el mismo momento que descubrimos la comida de la palabra, el vestido del hombre nuevo y las joyas de la vida abundante. ¿Eran ellos los mejores para dar a conocer este mensaje? ¡No!

Ellos estaban fuera de la ciudad, porque habían sido excluidos debido a su condición. Sin embargo, cuando se sintieron satisfechos, no fueron egoístas y tomaron la acción de ir a la ciudad y llevar las buenas nuevas de la abundancia de comida para todos los hambrientos.

La iglesia también sabe que “hoy es día de buena nueva”. ¿Qué haremos? ¿Nos quedaremos callados escondiendo el tesoro? Veamos entonces en qué consiste el evangelio de los leprosos.

EN UN BUENA NOTICIA PROFÉTICAMENTE ANUNCIADA

En esta historia tenemos un asedio al que fue sometida la ciudad de Samaria, la capital del Israel del Norte, debido a la idolatría con la que ofendieron a Dios, adorando a otros dioses.

Pero ahora hay una nueva profecía de restauración y satisfacción frente al hambre que padecen. Eliseo era el profeta del momento.

El milagro que iba a ocurrir lo dijo en este texto. Nadie creería esto. Era imposible pensar que en un solo día la economía de una ciudad destrozada pudiera recuperarse.

El rey de Samaria no lo creyó, su príncipe inmediato tampoco lo creyó (vers. 2), pero en un solo día la palabra profética se cumplió (versos. 16-19). El milagro para lograr esto estaba afuera.

Los mismos enemigos que causaron su desgracia proveyeron para su propia satisfacción. Dios no deja morir para siempre al hambriento. Esto es lo que hace el evangelio.

El evangelio en sí es un milagro. Quien lo recibe sabe al final que nada pudo cambiar su vida como lo hace el poder que él mismo tiene (Romanos 1:16). El evangelio también fue profetizado como un milagro. Jesucristo es la encarnación de ese milagro.

La incredulidad al mensaje del evangelio (versos. 2-12)

No siempre es fácil creer en las buenas nuevas del evangelio. Los hombres como Tomás han existido siempre. La mente racional no concibe la posibilidad de un milagro. Observe la actitud del rey y del príncipe.

Cuando Eliseo lanzó su profecía que cambiará la tragedia que vivía Samaria, simplemente negó que estas palabras fueran reales, expresándose con sarcasmo (vers. 2).

La incredulidad al mensaje traerá al final un destino impensable. Por cuanto aquel príncipe se negó a creer lo dijo el profeta, el mismo Eliseo le profetizó, diciendo: “He aquí tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de ello”. Pero lo mismo hizo el rey.

No creyó la noticia de los leprosos, sino que pensó que era una trampa de los sirios. Lo que siempre vemos es que los que oyen el mensaje del evangelio, debido a sus propios prejuicios, o frente a la imposibilidad que suceda algo, se resisten a creer.

Muchos creen más en las malas noticias que en las buenas. ¿Era mala la noticia que estaba comunicando el profeta y ahora los leprosos? ¡En ninguna manera! Pero así son los corazones que prefieren cerrarse al mensaje, aunque sus vidas están pereciendo.

CONCLUSIÓN: En esta historia tenemos a cuatro humildes leprosos que, en su desesperación por encontrar el favor de los sirios, descubrieron el campamento enemigo totalmente abandonado y lleno de comida, bebida y todo tipo de riquezas.

Sin embargo, después de satisfacer su hambre se sintieron culpables por no compartir la bendición y decidieron informar al rey de lo ocurrido. Nosotros hemos recibido de Dios el tesoro más grande, la salvación. ¿Qué estamos haciendo con esta noticia?

Samaria representa a aquellos que están desesperados, muriéndose de la más grande hambre que se conozca, la espiritual. Si ya nosotros hemos satisfecho nuestra hambre espiritual, pero no la compartimos, ¿quién dirá que somos dignos de haberlo recibido?

¿Saben aquellos que están hambrientos de nuestro descubrimiento? Hoy es día de buena nueva. ¿La comunicaremos? No estamos haciendo bien si callamos. “Hoy es el tiempo aceptable, hoy es día de salvación”.

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